¿Qué le ocurre a una familia cuando se encuentra entre sus miembros con un enfermo esquizofrénico? Aumenta el nivel de estrés. La familia percibe claramente que lo que le ocurre rebasa y sobrepasa los recursos de respuesta a las dificultades que conocía y utilizaba hasta ese momento. Siente que se pone en peligro su bienestar. Y el estrés consiguientemente repercute en todos: enfermos y sanos.

Crea situaciones de hundimiento, de baja satisfacción y autoestima en la pareja y hasta conductas desviadas en otros miembros de la familia. La enfermedad mental produce siempre problemas de adaptación en la familia. Las demandas generadas por la incertidumbre, el desasosiego que trae consigo la convivencia con el enfermo esquizofrénico son muchas y dolorosas. Y el paciente no es el culpable de estas consecuencias.

La convivencia familiar con el enfermo esquizofrénico no produce siempre estos efectos con la misma gravedad y de idéntica forma. Una misma enfermedad mental puede ser para una familia intolerable y más o menos llevadera para otras, dependiendo de los recursos materiales, sociales y de los entrenamientos que posean para afrontar contingencias nuevas, y sobre todo, de cómo se perciba subjetivamente el hecho de la enfermedad. En ocasiones, la familia se queda tan "desnortada", que todo lo ve negro y no siente intelectual, afectiva o emocionalmente momentos gratificantes en su vida. De puertas afuera, su casa se verá aislada, despreciada, relegada, con una ruptura de su estatus anterior. De puertas adentro, se resquebraja el equilibrio personal de sus miembros y el nivel de relaciones entre ellos se deteriora.

Estas situaciones negativas se viven a lo largo de toda la vida, desde que la familia descubre que entre sus miembros hay un enfermo esquizofrénico. Pero estos hechos no se viven estáticamente, siempre de la misma manera. Hay momentos mejores y peores.

He aquí algunos: - cuando la familia cae en la cuenta de que su bebé es un enfermo mental grave.
• cuando la escuela les dice que no lo puede asumir o atender por más tiempo.
• cuando el enfermo esquizofrénico crea serios problemas de convivencia. La esquizofrenia aparece generalmente en la adolescencia-juventud en los hombres y más tardíamente en las mujeres, cuando, a veces, llevan varios años de casadas y hay hijos por medio.
• cuando los padres se descubren impotentes, sin recursos ni entrenamientos para afrontar la situación nueva, que aparece sin avisar. - cuando hay que internar temporalmente al enfermo.
• cuando la sociedad lo rechaza, lo estigmatiza y le bautiza como loco o peligroso.

Éstos y otros son escalones que bajan hacia sótanos más oscuros y degradados. Y la sociedad no valora a los enfermos mentales como tales enfermos. Aparece un cáncer y es un toque a rebato, una movilización de amigos y familiares que te prestan comprensión y simpatía y se ofrecen a ayudar en lo que puedan. A un enfermo mental a lo sumo se le compadece, se le deja solo, o se le vuelve la cabeza.

Existe una situación concreta que desconcierta mucho a la familia y en la que, en ocasiones, la propia familia participa sin darse cuenta. Ciertos comportamientos del enfermo esquizofrénico se atribuyen a la mala intención, a la "mala uva", a la mala voluntad del enfermo, que trata de medir, de provocar a los demás: "esto lo hace por fastidiar". Otras veces, sin embargo, las mismas actuaciones no se atribuyen a la mala intención, sino que se miran como consecuencia de su enfermedad. Estamos hablando de estereotipias, pequeñas manías, rechazo de formas sociales en la relación con los demás, y cuestiones similares que a la familia le crean inquietud y hasta irritabilidad. En otras ocasiones se aceptan con resignación o desgana: ¡qué le vamos a hacer!, ¡esto nos ha tocado!.

En otros momentos no se termina de asumir el problema y aparecen los lamentos que impiden tener en cuenta la etapa vital del enfermo, porque la adolescencia, la entrada en el mundo adulto o en el del trabajo, el envejecimiento, etc. afectan a todos: sanos y enfermos; y siempre estos momentos vienen cargados de conflictos y desorientación. Pero en las familias con enfermos esquizofrénicos puede aparecer el desánimo excesivo: ¿para qué luchar si esto no tiene remedio? Y esto lleva a desconfiar de médicos, medicinas, terapeutas, de estrategias de rehabilitación, de las instituciones, y de todo tipo de ayuda ofertada.