Antes, hace años, viví en una casa allí hice mi vida, conocí a mis vecinos y estuve mucho tiempo viviendo cerca de mi familia. Ahora, hoy empieza una nueva vida en una nueva casa. ¿Haré nuevos amigos aquí? Cuando hago la pregunta mentalmente lo primero que se me viene a la cabeza es NO. Un no enorme, negro, pues casi todas las cosas malas siempre se representan con el color negro o la obscuridad. Después pienso, "bueno al menos haré conocidos". Pero en el fondo creo que estoy condenada al fracaso, eso es parte de mi vida, parte de mi enfermedad y parte de mí. Negarlo es ir contra corriente o tirarse de cabeza al barranco sin saber donde caeré.
Mudarse es una tarea difícil, dicen que las serpientes lo hacen cada año, yo prefiero ser como un árbol, pocos trasplantes. Pero cuando se hace, lo mejor es irse con una pequeñísima maleta, incluso más que pequeña nimia.

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